Esa sensación que lleva a dudar de si se trata de un recuerdo o de un sueño, vos ya sabés de cuál hablo; esos momentos en los que los sueños se vuelven tan reales que no dejamos de volver a ellos una y otra vez, hasta que se confunden con verdaderos recuerdos —si es que los sueños no son directamente recuerdos que creemos haber olvidado—, les agregamos detalles, sensaciones, olores, texturas a las cosas que solo están en nuestra cabeza; aunque también puede ser que la realidad se desdoble, se corrompan los parámetros de normalidad, lo que nos dice que esto es real y esto otro no lo es y por breves momentos eso que no era real ahora lo es, y que lo que era real ya no; me refiero a uno de esos momentos en los que ni el alcohol ni las drogas ni la cafeína ni ninguna otra sustancia externa interfiere, sino que somos solo nosotros. Porque cuando estamos solos, los mecanismos de control interno de nuestra personalidad, las reglas impuestas por la sociedad, los límites del buen gusto y lo aceptable, se relajan, tienden a desaparecer, y es entonces cuando ocurre.
Y claro, estaba solo cuando sucedió. Al menos es lo que creo. Era una noche dedicada a mí mismo, a la introspección; tenía la idea de cenar temprano, aburrirme viendo la última película de superhéroes, escuchar algo de música, responder correos atrasados, dormir más de la cuenta. Venía dándose todo bastante bien hasta que lo esperable quedó de lado.
Aunque cené temprano, tengo que aclarar que había comido opíparamente, todo lo contrario a lo que se recomienda en los manuales de buenos modales, pero luego de varios intentos fallidos me había salido tan bien esa receta que no podía dejar de comer. Fue sin dudas tanta comida lo que indujo el sopor que fue cayendo sobre mí, como un atardecer sobreviniendo poco a poco sobre un paisaje, llevándose las luces, dejando la oscuridad y el silencio de los animales nocturnos. Me resistía a dormir porque quería seguir con lo que tenía planeado, mas notaba que se volvía cada vez más complicado coordinar mis movimientos y que mis pensamientos resultaran medianamente coherentes.
En esos momentos de transición, ocurrió. Parpadeé, tal vez lo hice más de lo habitual, y eso produjo que el velo se levantara. Me encontré recostado en una cama con lo que intuí que serían equipos médicos a los lados y por sobre mi cabeza, rodeado de personas que vestían largas batas no del todo blancas que se chocaban y empujaban entre sí para acercarse a mi cara cubierta con una mascarilla; cada uno de ellos portaba un elemento diferente del instrumental médico, estetoscopios, termómetros, jeringas, viales, suelos, incluso bisturíes, todos moviéndose a una velocidad imposible para un ser humano, velocidad que un ojo normal como el mío no sería capaz de captar. Uno de ellos se acercó con un trozo de gasa impregnado con un aroma tan intenso y pestilente que penetró la mascarilla haciéndome parpadear varias veces y sentir comezón.
Sentado en la mesa de la cocina de mi casa, bostecé sin disimulo porque estaba solo. El disco que escuchaba se había terminado, el silencio se volvió pesado. Mis planes para esa noche, pensados al detalle, me resultaban ahora demasiado complejos, demasiado extensos y extenuantes. Lo mejor, lo que quería más que nada, lo que deseaba, era dejar todo como estaba y acostarme. Así lo hice, me acosté, cerré los ojos y regresé de inmediato a la habitación en la que me rodeaban esas personas en batas apenas blancas. Volvieron como un flash, como un paisaje iluminado por un relámpago nocturno, tal vez el mismo paisaje en el que antes cayera la noche, lo que me obligó a abrir los ojos.
Imágenes similares no han dejado de aparecer cada vez que cierro mis ojos, deliberadamente o no. No he vuelto a dormir, llevo días de vigilia, lo que se vuelve cada vez más difícil, porque no me quedan fuerzas para nada. No sé si es o si fue un sueño, no sé si ellos son parte de él o si lo es esto a lo que acostumbro llamar mi vida. Mi cuerpo apenas resiste, mi mente no soporta seguir así, pronto sabré la verdad. Me aterroriza pensar que esto que siento venir no sea una muerte real sino tan solo el despertar en esa otra realidad.
